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Sofía Sandoval

ssandoval@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN

Al principio, África era una imagen de mosaico que Alejandro construía, como todos, con fragmentos de documentales de Nat Geo. Unas imágenes que muestran niños con el abdomen hinchado y la piel oscura. Una piel que se aclara en las plantas de los pies. Unos pies que pisan la tierra rojiza por kilómetros. Unos kilómetros que se recorren con el único fin de buscar agua.

Sin embargo, cuando Alejandro Robles (42 años) llegó por primera vez a Guinea Bissau, entendió que la realidad era mucho más dura que los documentales. Vio a los niños mal alimentados caminando 10 kilómetros por día, con la espalda doblada por el peso de 20 o 25 kilos que se cargan sobre la cabeza. Para ellos, como para todos, el agua es la fuente de vida. Pero conseguirla es una tortura diaria que no sabe de cumpleaños ni feriados, que no les da descanso cuando están enfermos, que les roba horas de juego, que los expulsa de las aulas de las escuelas.

Él tenía que hacer algo por ellos. Por eso juntaba los días de franco en la empresa petrolera donde trabajaba y viajaba a verlos durante un mes entero. En 2009 dio los primeros pasos con una ONG que él mismo fundó, Agua x Vida, hasta que en 2014 decidió mudarse definitivamente y dedicar su vida a que menos niños dejen la escuela y se enfermen por la falta de agua.

Irse era una locura. Alejandro recibía cada mes un abultado sueldo petrolero y tenía su propia casa, sus autos, su familia; hasta estaba formando su propia empresa en Neuquén, su ciudad natal. ¿Cómo decirles a su esposa y sus tres hijas que prefería cambiar todas las comodidades por una casa sin ventanas en una aldea perdida de uno de los países más pobres del mundo?

“Me acompañaron en un viaje y al final fueron ellas las que quisieron quedarse en África”, le dice Alejandro a LM Neuquén desde La Plata, en una visita temporal que hizo a la Argentina. Así, toda la familia fundó la organización Fonte da Vida y se instaló en Guinea Bissau con el apoyo de amigos y de la iglesia evangélica a la que pertenecen.

El neuquino aplicó sus conocimientos del mundo petrolero para hacer pozos e hizo otras capacitaciones en Dallas, Texas, para recurrir a un novedoso método de perforación ecológica que no usa máquinas sino caños, una opción económica que lo ayudó a construir 20 pozos de agua en 2016 gracias a la fuerza humana de las aldeas.

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Compartió: Viviana Rodriguez – www.vivianarodriguez.com

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