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Cada semana uno de los chicos de Legales elegía dónde hacer el after office para relajar con un trago o una cerveza. El radio de acción era Puerto Madero, San Telmo, Microcentro. La consigna: no se podía repetir el lugar. Y en uno de esos encuentros, algún viernes de marzo de hace dos años, estaba Gastón, el Gerente del área, preguntándose qué hacer de su vida profesional.Sonreía, respondía a los chistes de temas del laburo con otros chistes parecidos, pero a la vez veía la escena desde afuera y se preguntaba “¿Qué hago acá?”, “¿Cómo puede ser que lo que me ocupe el tiempo sea la legislación finaciera, los concursos de acreedores, los fraudes?”.

“Entre esos chistes que iban y venían, les pregunté a mis compañeros de trabajo: ‘¿No querrían tener otra vida?’. Ellos me contestaron en broma, pensaron que la pregunta era parte de la joda”. Creo que ese día empecé a decidirme a cambiar. Venía pensando que la abogacía y las finanzas no me interesaban más, que no eran lo mío, así que suponía que cambiar iba a ser cambiar de carrera.” En ese punto, Gastón decidió hacer lo que había hecho ya un par de veces: pedirle juntarse para un café a un profesor universitario al que admiraba en lo profesional y en lo humano, y a quien consultaba cuando tenía que tomar decisiones como aquel cambio de banco que había hecho en su momento.

“Gracias totales, profesor”

 

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Compartió: Viviana Rodriguez – www.vivianarodriguez.com / http://vivianarodriguezblog.wordpress.com

 

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