Kailash Satyarthi: “Me infiltraba en industrias y minas para salvar chicos”

El ingeniero indio, premio Nobel de la Paz en 2014, llega a la Argentina para contar cómo lucha contra la esclavitud en su país – Por Micaela Urdinez – Diario La Nacion

 

Es un activista por los derechos humanos que ya a los 11 años creó un banco de libros para que los chicos pobres de su comunidad pudieran acceder a la lectura, y un valiente que a los 26 años decidió dejar su acomodada vida de ingeniero electrónico para dedicarse a rescatar niños. A través de su organización Bachpan Bachao Andolan (BBA, Movimiento para Salvar la Infancia), creada en 1983, logró la liberación de más de 86.000 chicos indios de la esclavitud. Por eso y muchas cosas más, Kailash Satyarthi recibió el Premio Nobel de la Paz en 2014. Hoy, inspirado en Mahatma Gandhi, plantea una nueva revolución: transformar la globalización de la compasión en un movimiento social.

Fue víctima de varios atentados que le dejaron marcas en diferentes partes del cuerpo como su pie, el hombro, la espalda, la cabeza. ¿Cuáles son los grupos de interés que lo amenazaron?

-¿Cómo hacen para rescatar a los chicos de estas mafias?

-Su apellido real es Sharma y decidió cambiarlo por Satyarthi que quiere decir “buscador de la verdad”. De esta manera renunció a su casta. ¿Cómo reaccionaron sus padres?

-Estaban muy infelices por la autoexclusión que yo mismo generé. Mi madre estaba muy triste porque no podía comer con ellos en la cocina. Mi padre, que era policía, murió cuando yo tenía 17 años. Yo vengo de una familia modesta y mi madre tuvo que vender su departamento para poder pagar mis estudios univesitarios. Cuando abandoné mi profesión y empecé a liberar a chicos de la esclavitud, mi familia estaba asustada porque era un mundo peligroso. Pero con el tiempo fueron entendiendo, y empezaron a respetar mi trabajo y a estar orgullosos de mí.

-¿Qué efecto tuvo haber ganado el premio Nobel en su causa?

-Me dio acceso a presidentes, primeros ministros y a las agencias de las Naciones Unidas para poder hablar con ellos libremente. Me permitió que me escucharan con atención y eso generó muchos cambios. También fue un éxito que el trabajo, la esclavitud y la violencia infantil, estuvieran contemplados dentro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Y si bien el número se está reduciendo, todavía son 152 millones los chicos que realizan trabajo infantil en el mundo, y esa es una situación alarmante.

-Escuché la charla TED en la que decía que para alcanzar la paz había que estar enojado, porque eso llevaba a rebelarse contra las injusticias. ¿Qué lo enoja en este momento?

-El sufrimiento de otros. Mi vida no tendría sentido si no me enojara por las injusticias que suceden en el mundo y la explotación, en especial de niños. Yo siento que todos los niños del mundo son mis hijos y por eso quiero salvarlos. Si empezás a pensar como un padre, un hermano, una madre o un tío, y si tu propio hijo o hermano es explotado o vendido para trabajar, te sentirías enojado. Querrías liberarlos, y ese es mi sentimiento. Pero mi enojo no es contra un individuo en particular, ni busca ningún tipo de revancha o violencia. Simplemente aprendí a controlarlo para después poder canalizarlo en acciones positivas.

-¿Cuáles son las principales diferencias entre el trabajo infantil en la Argentina y en la India?

-No muchas. La mayoría de los chicos se dedican al trabajo en tareas de agricultura, y esa es una similitud. También realizan algunas tareas informales en industrias y trabajo doméstico en las clases medias. En América latina existen más situaciones de explotación sexual de menores producto de las migraciones entre países limítrofes.

Las buenas noticias en relación a la Argentina es que es uno de los países de América latina, junto con Brasil y Panamá, que más invirtió en hacer buenas leyes y poner los temas de trabajo infantil en agenda. Sus avances han sido llamativos.

-¿Cree que el trabajo infantil está directamente relacionado con la pobreza y tiene más incidencia en los países en vías de desarrollo?

-Hace varios años que vengo predicando sobre un triángulo integrado por el trabajo infantil, la pobreza y el analfabetismo que tienen una interrelación de causa y consecuencia. La pobreza perpetúa el trabajo infantil y viceversa. La tercera dimensión es el analfabetismo, que también genera trabajo infantil y viceversa. El 58% de los chicos del mundo que hacen trabajo infantil son analfabetos. A su vez, la falta de educación también genera pobreza. No se puede pensar en prosperar en una economía del conocimiento como la actual sin educación. Este es un círculo que hay que romper.

¿Estuvo preso alguna vez?

Sí, por supuesto. Fui arrestado muchas veces. Por estar en contra de las decisiones autocráticas del gobierno y de otros grupos de interés, terminé bajo custodia policial en varias oportunidades. Cuando luché contra el trabajo infantil me inventaron algunas denuncias falsas, fui arrestado y terminé en prisión.

-¿Qué líderes lo inspiran?

-Es una muy buena pregunta. He vivido y trabajado con niños, y su simplicidad, su inocencia, su pureza de corazón son mi inspiración, para ser franco. Cuando libero a un chico y aparece una sonrisa de libertad, un cambio positivo en su autoestima, y puedo sentir su cambio interior, esa es mi mayor inspiración.

 

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/2081737-kailash-satyarthi-me-infiltraba-en-industrias-y-minas-para-salvar-chicos

 

Compartió: Viviana Rodriguez – www.vivianarodriguez.com  / http://vivianarodriguezblog.wordpress.com

 

 

 

 

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